Había una vez (original comienzo) una oruga que vivía aterrada de ser mariposa. Pasaba los días encerrada en su capullo esperando impaciente ver algún cambio en su cuerpo. Esperaba y esperaba, pero con el terror de verse diferente.
_"No seré yo con otro cuerpo". Decía la Oruga. "No voy a reconocerme, mis amigos no van a saber quien soy, mi familia va a ignorarme". Agotada de pensar y pensar se durmió profundamente. Cuando despertó se vio con los alas gigantescas, coloridas y versátiles. Lloró y lloró hasta que una de sus amigas orugas la vio aleteando sus bellas alas rojas: "No puede ser! estas más hermoso que nunca. Con estas nuevas alas que tenes podrás volar muy algo y hasta llevarnos a ver cosas que nosotros aun no podemos ver". La oruga la miro desconfiada y comenzó a pensar que lo mejor sería probar sus nuevas alas y comprobar la teoría de su amiga. Y así fue, vio bosques enteros, ríos, montañas y jugó con otras mariposas. Volvió a su rama a contarle a su amiga oruga que ser mariposa y volar es mucho mejor que estar en la tierra, pero cuando llegó la vio envuelta en su capullo, y quiso abrirlo para contarle todo, la emoción la podía, pero luego recordó cuando ella estaba en su capullo y decidió que lo mejor era esperar a su lado, así cuando esta saliera de su trasformación, podrían ir juntas a recorrer los bosques, ríos y montañas.
Si sos oruga, no temas a ser mariposa y cuando seas mariposa, cuéntale a todos los que te rodean lo hermoso que se ve el paisaje desde lo alto; si aun están dentro de sus capullos, solo espera junto a ellos que florezcan y vengan a tu encuentro.
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